( PDF ) Rev Osteoporos Metab Miner. 2010; 2 (1) suplemento: 16-22

Sosa Henríquez M, González Rodríguez E, González Padilla E, Groba Marco MV, García Santana S, Mirallave Pescador A
Universidad de La Palmas de Gran Canaria – Grupo de Investigación en Osteoporosis y Metabolismo Mineral – Hospital Universitario Insular – Servicio de Medicina Interna – Unidad Metabólica Ósea

 

Introducción

El ranelato de estroncio es un agente empleado para el tratamiento de la osteoporosis. Consiste en dos átomos de estroncio estable y una parte orgánica: el ácido ranélico. Simultáneamente estimula la formación de hueso nuevo y disminuye la resorción ósea, resultando en una desviación del equilibrio del recambio del hueso hacia la formación1. Estas acciones las realiza mejorando la replicación de células pre-osteoblásticas y la diferenciación de osteoblastos, así como disminuyendo la capacidad de los mismos de inducir a los osteoclastos a través de los receptores sensores de calcio (CaR) y aumentando el rango OPG/RANKL2. Su efectividad en animales ha sido ampliamente estudiada, habiéndose demostrado que aumenta la masa ósea en animales osteopénicos, previene la pérdida ósea en las ratas ovariectomizadas y aumenta la resistencia ósea en animales normales3-5. El mecanismo de acción del ranelato de estroncio así como su efecto sobre la calidad ósea se estudia con más detalles en otros capítulos de esta monografía.

Los estudios de referencia del ranelato de estroncio. Estudio SOTI y TROPOS

Diseño. Objetivos
El objetivo de cualquier tratamiento utilizado en la osteoporosis es prevenir todas las fracturas, sea cual sea su localización. La fase 3 de estudio del ranelato de estroncio consistió en dos estudios internacionales paralelos para evaluar el efecto antifractura del mismo tanto a nivel vertebral en el estudio Spinal Osteoporosis Therapeutic Interven-tion (SOTI)6 como no vertebral en el Treatment of Peripheral Osteoporosis Study (TROPOS)7 (Tabla 1). Ambas investigaciones fueron estudios prospectivos, aleatorios, a doble ciego y controlados con placebo. De esta manera, estas publicaciones nos permiten determinar la eficacia del ranelato de estroncio en la reducción de todas las fracturas relacionadas con la osteoporosis, tanto del esqueleto axial como del extraaxial.
Es necesario aclarar que el estudio TROPOS fue diseñado en 1996, más de un año antes de que se publicara la primera guía de osteoporosis del Comité de Productos Médicos para su Uso en Humanos (CHMP). Aún así, las fracturas no vertebrales incluyendo cadera y otras fracturas mayores se documentaron por separado como la guía del CHMP de 2001 aconsejaba8. Además, se diseñó para evaluar el riesgo relativo de fracturas no vertebrales entre los grupos. Por tanto, el estudio no fue diseñado para demostrar la eficacia antifractura en cada localización individual, sino la eficacia antifractura en localizaciones no vertebrales en general. Para adecuar el estudio a las recomendaciones de la guía del CHMO de 2001 y poder evaluar el efecto del ranelato de estroncio en reducir el riesgo de fractura de cadera, se creó un subgrupo de pacientes de alto riesgo. Se establecieron como criterios de inclusión en el mismo el tener 74 años o más con una densidad mineral ósea en el cuello femoral con T-score de -3 o menos tal como se había usado anteriormente para el Hip Intervention Study9.

Criterios de inclusión y de exclusión

En lo que al diseño de SOTI y TROPOS se refiere, los criterios de inclusión diferían entre los estudios. En el SOTI se incluyeron mujeres postmenopáusicas de 11 países europeos y Australia; debían tener por lo menos 50 años, ser postmenopáusicas desde por lo menos cinco años, haber tenido al menos una fractura confirmada por una radiografía de columna tras un trauma mínimo y tener una densidad mineral ósea de la columna lumbar de 0,840 g por centímetro cuadrado o menos. En el TROPOS, sin embargo, los criterios de inclusión eran los siguientes: debían ser mujeres de 74 años o más, o bien tener entre 70 y 74 años pero tener un factor de riesgo de fractura adicional. Se entendió como factor de riesgo adicional tener una historia previa de fracturas tras la menopausia, vivir en una residencia para ancianos, sufrir caídas frecuentes o tener una historia materna de fracturas osteoporóticas de cadera, muñeca o vertebral. que, adicionalmente se creó el subgrupo de alto riesgo cuyas condiciones de inclusión ya hemos comentado. Asimismo, las pacientes debían de tener una densidad mineral ósea de el cuello femoral de 0,600 g por centímetro cuadrado o menos, siendo esta medida correspondiente a un T-score menor de -2.5 de acuerdo a los datos de normalidad10. En el TROPOS, adicionalmente, se creó el subgrupo de alto riesgo cuyas condiciones de inclusión ya hemos comentado. En ambos casos la densidad mineral ósea fue medida con instrumentos Hologic.
En cuanto a los criterios de exclusión ambos estudios excluían a aquellas pacientes con enfermedades graves o enfermedades que interfirieran con el metabolismo óseo. Asimismo, eran excluidas aquellas que hubieran tomado estrógenos, calcitriol o calcitonina durante más de 1 mes en los 6 meses previos, así como bifosfonatos durante más de 14 días en los 12 meses previos. Adicionalmente, en el SOTI se excluían aquellas pacientes que hubieran tomado sales de fluoruros durante más de 14 días en los últimos 12 meses.

Características basales de las poblaciones y protocolo de tratamiento

Las características basales de las poblaciones (mostradas en la Tabla 2) difieren puesto que los criterios de inclusión son muy distintos en cuanto a la edad y ello condiciona que los demás parámetros, al ser dependientes de la misma, también difieran. Como previamente hemos comentado, en el SOTI la edad de inclusión era a partir de los 50 años mientras que en el TROPOS la edad mínima de inclusión era de 70 por lo que no es de extrañar que, en este último estudio, el tiempo pasado desde la menopausia sea mayor ni que la densidad mineral ósea sea menor en todas las localizaciones.
El protocolo de tratamiento fue similar en ambas investigaciones. Las pacientes se sometieron a un periodo inicial de 2 a 24 semanas de acuerdo con la severidad de la deficiencia inicial en calcio y vitamina D hasta normalizar sus niveles. Una vez comenzado el estudio recibían diariamente suplementos de calcio con la comida: hasta 1.000 mg. de calcio elemental de acuerdo con su ingesta de calcio en la dieta para alcanzar los 1.500 mg/día (SOTI) o 1.000 mg/día (TROPOS). También recibieron suplementos de vitamina D: de 400 a 800 UI según la concentración sérica basal de 25-hidroxicolecalciferol.
Tras el periodo inicial los pacientes fueron asignados de manera aleatoria para recibir 2 g al día de ranelato de estroncio o polvo placebo durante un periodo de 3 años. Ambos preparados se presentaban en sobres con polvos que los pacientes debían mezclar con agua. Asimismo, debían elegir si querían tomar el preparado (2 sobres) una vez al día por la noche o dos veces al día (un sobre media hora antes de desayunar y otro por la noche). Aproximadamente el 90% eligió la dosis única al día en ambos estudios.

Determinaciones bioquímicas. Marcadores de remodelado óseo

Las pacientes acudían a revisión cada 3 meses los primeros 6 meses y luego cada 6 meses hasta el final del tiempo de estudio. En estas revisiones se tomaron muestras de sangre y orina, se congelaron a -80 ºC y se analizaron en un laboratorio centralizado. En ambos estudios las concentraciones de PTH fueron medidas con una valoración inmu-norradiométrica (N-tact, DiaSorin), las de 1,25-dihidroxivitamina D mediante una valoración por radiorreceptor (DiaSorin) y la 25-hidroxivitamina D con una radioinmunovaloración (DiaSorin).
En el SOTI, además, las concentraciones de fosfatasa alcalina específica del hueso fueron medidas con una valoración inmunoradiométrica (Tandem-R Ostase, Hybritech), las de enlaces cruzados de C-telopéptido con una valoración inmunoabsorbente enlazada a una enzima (Serum Crosslaps, Osteometer Biotech) y la calcitonina con una valoración inmunorradiométrica (BioSource). Asimismo, el contenido sérico y óseo de estroncio fue medido por espectofotometría de emisión por plasma de acoplamiento inductivo (BARC).

Estudio radiológico. Valoración de la fractura vertebral. Densitometría ósea

En lo que respecta a estudios radiográficos, en el SOTI se obtuvieron 3 radiografías laterales de columna (torácica, lumbar y unión toracolumbar) basal y anual, y también anteroposteriores basales. Las radiografías fueron evaluadas de forma centralizada por radiólogos que conocían la secuencia temporal pero no la asignación del tratamiento. Se estudió si había indicios de fractura vertebral: dolor de espalda agudo, disminución de la altura corporal de al menos 1 cm o ambas.
Asimismo en el TROPOS, a pesar de que el estudio debía evaluar fracturas no vertebrales, se intentó realizar radiografías de columna vertebral basal y anuales en el mayor número posible de mujeres que conformaron un subgrupo de 3.640 pacientes (71% del total sometido a análisis por intención de tratar).
Para el estudio SOTI, se utilizaron dos métodos para evaluar la fractura vertebral. En primer lugar un método de evaluación visual semicuantitativo11 fue realizado por el mismo lector de cada vértebra de T4 a L4. En segundo lugar se efectuó una evaluación cuantitativa que consistía en medir las alturas anterior, media y posterior de cada vérte-bra.
En el TROPOS, el criterio principal de evaluación fue la incidencia de fracturas no vertebrales. Este tipo de fracturas fueron evaluadas por los investigadores basándose en documentación escrita facilitada por los pacientes tales como informes de urgencias o de su traumatólogo. Las fracturas faciales, de cóccix, cráneo, mandíbula y de falanges no se consideraron relacionadas con la osteoporosis y, por tanto, no se tuvieron en cuenta.
La densidad mineral ósea de la columna lumbar y del fémur fue medida mediante absorciometría de rayos X de doble energía (Hologic) en la visita basal y cada 6 meses en instalaciones centralizadas.

Resultados. Metodología

Ambos estudios realizaron análisis estadísticos similares efectuando el análisis de eficacia principal en una base de intención de tratar. Para comparar ambos grupos y estimar los riesgos relativos y los intervalos de confianza del 95% se utilizó un modelo de Cox no ajustado como análisis estadístico principal.
Se utilizaron las pruebas de la t de Student bilaterales para comparar los cambios en porcentaje de la línea basal en muestras independientes, la prueba chi cuadrado de Pearson fue utilizada para comparar el número de pacientes con por lo menos dos fracturas vertebrales nuevas (SOTI) y el número de pacientes con un evento adverso específico, y los intervalos de confianza del 95% fueron determinados a partir de las diferencias entre los grupos con respecto a los cambios medios en los niveles séricos de calcio, fósforo y hormona paratiroidea. Para los cambios de porcentaje del valor basal en la densidad mineral ósea a cada visita, se efectúo un procedimiento jerárquico descendente basado en un incremento del efecto del tratamiento con el tiempo. Los valores medios en los dos grupos por cada visita fueron comparados con pruebas t de Student unilaterales con un índice de error de tipo I del 2,5%. Los valores P presentados por ambas investigaciones corresponden a una prueba bilateral en el umbral del 5%.
En el SOTI la población por intención de tratar estaba formada por aquellos sujetos que habían tomado por lo menos un sobre de tratamiento y de los que se había obtenido al menos una radiografía de columna después de la radiografía basal. En el TROPOS lo formaban aquellos que habían tomado al menos un sobre de tratamiento y además se les había realizado una valoración de fracturas no vertebrales. Asimismo, cada vez que se realizaba una radiografía se calcularon los estimados producto-límite de Kaplan-Meier de la incidencia de nuevas fracturas vertebrales.
En el TROPOS la incidencia de pacientes con fracturas no vertebrales se estimó mediante análisis de Kaplan-Meier y simultáneamente se realizó un modelo de Cox ajustando por edad, DMO del cuello femoral, índice de masa corporal y país de residencia.

Cambios en los marcadores de remodelado óseo

El ranelato de estroncio provoca cambios en las concentraciones séricas de ciertos marcadores de remodelado óseo que, en los estudios que nos ocupan, fueron similares. En el caso del calcio sérico, este disminuyó en el grupo del ranelato de estroncio, así como el fosfato sérico se incrementó. La PTH disminuyó ligeramente en ambos grupos aunque de manera más pronunciada en el grupo del ranelato de estroncio. Las variaciones de estos parámetros no tuvieron consecuencias clínicas.
No se observaron cambios en la 25-hidroxivitamina D, la 1,25-hidroxivitamina D o la calcitonina sérica. Asimismo, en SOTI se describió un aumento en las concentraciones de creatina quinasa sérica dos veces el límite superior del intervalo normal (145 UI por litro) en el 3,4% de los sujetos en el grupo del ranelato de estroncio y en el 1,8% en el grupo placebo. Sin embargo, la mayoría de estos aumentos fueron transitorios y no se observaron síntomas musculares.

Reducción del riesgo de nuevas fracturas

Tanto el SOTI como el TROPOS demostraron la eficacia del ranelato de estroncio en reducir el riesgo de fracturas oteoporóticas vertebrales y no vertebrales (Tabla 3). Los resultados obtenidos en el SOTI respecto a fracturas vertebrales revelan que, al final de los 3 años, el fármaco disminuye el riesgo relativo de sufrir una nueva fractura vertebral de un 41% comparado con el grupo placebo; con ello podemos concluir que 9 pacientes deben ser tratadas durante 3 años con ranelato de estroncio para prevenir que una paciente tenga una fractura vertebral [IC al 95%, 6-14]. Además, la prevalencia de pacientes con más de una fractura vertebral nueva fue del 6,4% en el grupo del ranelato de estroncio y del 9,8% en el grupo placebo (RR 0,62, [IC al 95% 0,44 a 0,93]; P= 0,02). La pérdida de altura corporal de por lo menos un centímetro ocurrió con menos frecuencia en el grupo del ranelato de estroncio (P= 0,003), así como las fracturas sintomáticas (RR 0,62; [IC al 95% 0,47 a 0,83]; P< 0,001).
Los resultados obtenidos en el TROPOS acerca de la eficacia del ranelato de estroncio en la prevención de fracturas no vertebrales concluyeron que, en la población por intención de tratar, el riesgo de sufrir una fractura no vertebral se reduce en un 16% tras los 3 años de seguimiento. La reducción es mayor, del 19%, si sólo tenemos en cuenta las fracturas no vertebrales mayores. El riesgo relativo de sufrir una fractura de cadera se redujo un 15% pero sin significación estadística ya que, como ya hemos comentado, el estudio TROPOS no se diseñó para evaluar este parámetro. En aquellas mujeres que formaba el subgrupo de alto riesgo (mujeres de 74 años o más con una densidad mineral ósea en el cuello femoral con T-score de -3 o menos), el riesgo de sufrir una fractura de cadera se redujo en un 36%.
Ambas investigaciones, tras el periodo inicial de 3 años, ampliaron el tiempo de seguimiento de sus pacientes hasta completar los 5 años. En el caso de SOTI12, el método varió con respecto al inicial: hasta el cuarto año los pacientes continuaron tomando 2 g de estroncio o de placebo al día según les correspondiera tras la aleatorización del inicio del estudio. Sin embargo, una vez finalizado el cuarto año, los sujetos en el grupo del ranelato de estroncio fueron aleatorizados de nuevo para formar 2 grupos: uno que continuaría con el estroncio (50% grupo SR/SR) y otro que pasaría a tomar placebo (50% grupo SR/placebo). Asimismo, todos los sujetos del grupo placebo pasaron a tomar ranelato de estroncio (grupo placebo/SR).
Al final del cuarto año el criterio de eficacia primario era la incidencia de pacientes con una nueva fractura vertebral mientras que, al final del quinto año, lo era la densidad mineral ósea L2-L4.
La población a estudio por intención de tratar durante el cuarto año fueron los sujetos que hubieran tomado al menos un sobre de producto y con al menos dos valoraciones radiológicas vertebrales en los 4 años. Sin embargo, la población a estudio por intención de tratar del quinto año fueron aquellos pacientes que hubieran acudido a la visita del primer mes de ese quinto año, hubieran tomado al menos un sobre de producto en los primeros cuatro años y otro durante el quinto y además tuvieran una medición de la densidad mineral ósea de L2-L4 en los primeros cuatro años y otra durante el quinto.
En cuanto al análisis estadístico, cabe resaltar que, en este caso, la incidencia de fracturas vertebrales fue ajustada por edad, país, índice de masa corporal y densidad mineral ósea del cuello femoral.
Al final del periodo de estudio de 4 años, el riesgo de sufrir una nueva fractura vertebral se redujo en un 33% en el grupo del ranelato de estroncio con respecto al placebo (RR 0,67; [IC al 95% 0,55-0,81], P< 0,001). Así, el número de pacientes que sería necesario tratar para prevenir una fractura pasa a ser 11 (en vez de los 9 que se calcularon en el primer periodo de 3 años). El número total de fracturas fue significativamente menor en el grupo del ranelato de estroncio (p< 0,001). En cuanto a la densidad mineral ósea, ésta aumentó en todas las localizaciones medidas en el grupo del estroncio pero disminuyó ligeramente en el grupo del placebo. La diferencia entre los dos grupos ascendió a 14,6% en la medición lumbar, 8,7% en el cuello femoral y 9,8% en la cadera total (todos p< 0,01).

Resultados a 5 años

Al finalizar el 5 año de estudio, el patrón de cambio de la densidad mineral ósea se modificó según los grupos: el incremento en la densidad mineral ósea continuó en el grupo SR/SR con un incremento adicional de 1,2 ± 5,8% entre el primero y el último mes del quinto año. En el grupo SR/placebo, el aumento de la densidad comenzó a revertirse (-3,2 ± 5,8%) entre el primero y el último mes del quinto año (p< 0,001) aunque esta era más elevada al finalizar los 5 años (0,819 ± 0,147 g/cm2) que al comienzo del estudio (0,734 ± 0,123 g/cm2, p= 0,002). En el tercer grupo, el placebo/SR, la densidad mineral ósea se incrementó entre el primero y el último mes del quinto año (5,3 ± 7,3%). Los cambios observados en otras localizaciones fueron similares a los encontrados en L2-L4.
En la ampliación del tiempo de seguimiento, en TROPOS se mantuvo el diseño sin alterar y se publicaron sus resultados a los 5 años13 desde el comienzo del estudio, siguiendo la misma metodología que en los 3 primeros. Se incluyeron en la ampliación 4.935 pacientes de los cuales 2.714 (53%) completaron los 5 años. Tras este tiempo se observó una reducción del riesgo de sufrir una nueva fractura no vertebral de un 15% (RR 0,85; [IC al 95% (0,73-0,99)], P= 0,032). Asimismo, el número de pacientes que sería necesario tratar para prevenir una fractura pasó a ser 44 (IC al 95% 20-191). Aunque no es uno de los objetivos de TROPOS, se observó que el riesgo de padecer una nueva fractura vertebral disminuía un 24% (RR 0,76 [IC al 95% 0,65–0,88], P< 0,001) y, si tenemos en cuenta ambos tipos de fractura, en el grupo del ranelato de estroncio se disminuyó un 20% (RR 0,20 [IC al 95% 0,71–0,90], P< 0,001). En cuanto a densidad ósea, esta aumentó en el grupo del ranelato de estroncio tanto en columna lumbar, cuello femoral y cadera total mientras que, en el grupo placebo, se mantuvo estable o disminuyó ligeramente.

Seguimiento a 8 años

Tras este periodo de 5 años, ambos estudios se fusionaron para continuar hasta completar un periodo total de 8 años14. En este caso los criterios de inclusión consistían en haber participado en SOTI o en TROPOS durante los primeros 5 años aunque también se incluyeron aquellos pacientes que hubieran interrumpido el tratamiento o hubieran sido retirados del estudio siempre y cuando esto ocurriera en los 6 meses previos a la última visita de los 5 años.
El procedimiento seguido para evaluar fracturas tanto vertebrales como no vertebrales fue el mismo que se siguió en los primeros 5 años. Para el análisis estadístico solo se tuvieron en cuenta las fracturas ocurridas durante el periodo final de 3 años, sin tener en cuenta las ocurridas en SOTI o en TROPOS en sus primeros 5 años. Se tomaron radiografías de columna y densitometrías óseas (lumbares, de cuello de fémur y cadera total) al inicio y cada año hasta completar el periodo de seguimiento.
El grupo completo de análisis (GCA) se definió como aquellos pacientes que hubieran tomado al menos un sobre de ranelato de estroncio después de su inclusión en el estudio con al menos una densitometría lumbar L2-L4 al inicio y al menos una evaluación de la incidencia de fractura. De los 2.055 pacientes incluidos en la extensión de los estudios, 892 fueron tratados con ranelato de estroncio desde el principio del SOTI (n= 164) o del TROPOS (n= 739). De ellos, 879 fueron incluidos en el GCA; los 13 pacientes restantes no se incluyeron por no haber realizado una evaluación de la eficacia del tratamiento bien al inicio o después de su inclusión en el estudio de extensión. La población es representativa del total de la muestra del SOTI y del TROPOS y sus características basales eran muy similares a las de éstas.
En los pacientes que habían sido tratados de forma continuada con ranelato de estroncio la incidencia acumulativa de pacientes con al menos una fractura osteoporótica nueva fue de 28,8% al comenzar el estudio y de 41,1% al final de los 8 años. Sin embargo, esta incidencia acumulativa y la obtenida en los primeros 3 años de SOTI y TROPOS no son estadísticamente significativas, lo que sugiere que la eficacia antifractura del ranelato de estroncio se mantiene a los 8 años.
Si nos centramos en la densidad mineral ósea, las tres localizaciones medidas aumentaron en todos los pacientes tratados con ranelato de estroncio y el cambio anual relativo fue estadísticamente significativo en todas las visitas anuales salvo en la de los 8 años en el cuello femoral y en la cadera total. La densidad ósea en la columna lumbar aumentó 0,04 ± 0,08 g/m2 durante los últimos 3 años, lo que se corresponde con un aumento medio de 4,4 ± 8,4%. Esto supone un aumento menor en la densidad ósea de la columna lumbar que en los primeros 3 años de SOTI (12,7%); en el cuello femoral y en la cadera total se observó esta misma tendencia a un menor incremento en la densidad ósea a largo plazo.
La relación entre los cambios en la densidad mineral ósea y la incidencia de fracturas se estudió en la subpoblación del GCA con aquellos sujetos que tenían una densitometría y datos sobre fracturas a los 6 y a los 8 años (n= 417). Tras ajustar por edad, índice de masa corporal y fracturas al inicio, no hubo asociación significativa entre el cambio en la densidad ósea en la columna lumbar de 6 a 8 años y la incidencia de fracturas verte-brales en este periodo de tiempo. Sin embargo sí hubo una asociación entre el cambio de la densidad ósea en la fémur proximal y la incidencia de fractura vertebral (P= 0,02). Cada 1% de incremento de la densidad ósea del fémur proximal se asoció a una disminución del riesgo de fractura vertebral del 5% (IC al 95% 1-10). No obstante, en este estudio final no hubo grupo placebo, lo cual impidió realizar comparaciones directas de los índices de fracturas.
Ha sido demostrado repetidamente que el riesgo de fracturas vertebrales y no vertebrales se multiplica con la edad15, así como la disminución de la densidad mineral ósea16. Puesto que en SOTI y TROPOS el riesgo de fractura se mantuvo estable entre los primeros 3 años y los 3 últimos, se podría atribuir esta reducción del riesgo a un efecto indirecto del ranelato de estroncio. De la misma manera, como agente que ha demostrado un incremento de la densidad mineral ósea, podemos afirmar que la administración de ranelato de estroncio en las dosis indicadas se traduce en una reducción significativa del riesgo de fractura tanto vertebral como no vertebral en mujeres postmenopáusicas así como que, tras un periodo de 8 años, este beneficio se sigue manteniendo.
Con la intención de averiguar el beneficio a largo plazo, debemos tener en cuenta que este es el cuarto estudio sobre agentes antiosteoporóticos que tiene una duración mayor de 5 años17-19. En los anteriores, el alendronato y el risedronato no demostraron un aumento de la densidad mineral ósea más allá de los 4 años, por lo que se concluye que no existe beneficio al administrarlos más allá de este periodo. El otro agente estudiado es el raloxifeno que, aunque sí demostró un aumento mantenido de la densidad mineral ósea a nivel vertebral y de cadera, no demostró una disminución del riesgo de fractura no vertebral.

Seguridad y tolerancia

En cuanto a la seguridad y tolerancia del ranelato de estroncio, el estudio de los efectos dosis-respuesta muestra una buena tolerancia del producto, siendo la dosis de 2 g al día la que mejor relación eficacia-seguridad presenta20. En SOTI y TROPOS la incidencia de efectos secundarios es equilibrada entre los grupos de tratamiento. Los más comunes las náuseas, la diarrea, la cefalea y la dermatitis, siendo estos más frecuentes en el grupo del ranelato de estroncio los primeros 3 meses, una vez pasado este periodo, no había diferencias entre los grupos. La adherencia al tratamiento fue del 87,5%, similar a la encontrada en los estudios con risedronato aunque debemos tener en cuenta que en el estudio de ampliación eran los propios pacientes los que decidían si tomar el tratamiento. Se ha observado un repunte de fracturas en pacientes con tratamiento antiosteoporótico y uno de los factores de riesgo más asociado es la baja adherencia, especialmente con los bifosfonatos21. La escasa aparición de efectos secundarios y la cómoda dosificación hacen muy favorable la adherencia al tratamiento con ranelato de estroncio.

Conclusión

El ranelato de estroncio es un fármaco que ha demostrado la reducción de todas las fracturas por fragilidad: vertebrales, no vertebrales, de cadera, en varones y mujeres, con un margen de seguridad muy bueno y con escasos efectos secundarios. Todo ello lo convierte en un fármaco de primera elección en el tratamiento de la osteoporosis.

 

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