( PDF ) Rev Osteoporos Metab Miner. 2010; 2 (5) suplemento: 8-12

Del Pino Montes J
Servicio de Reumatología – Hospital Universitario de Salamanca – Departamento de Medicina – Universidad de Salamanca – RETICEF

 

La osteoporosis es una enfermedad frecuente, responsable de la mayor parte de las fracturas que se producen después de los 50 años. Es un problema sanitario mundial de gran magnitud que aumenta con el envejecimiento y estilo de vida de la población, especialmente, en los países occidentales. La mayor complicación es la fractura que conlleva un elevado coste sanitario y social1. A pesar de que es un problema prevenible y tratable, las políticas desarrolladas hasta el momento no han conseguido reducir el problema. La osteoporosis se define como un trastorno esquelético generalizado caracterizado por masa ósea baja y deterioro de la microarquitectura del tejido óseo, que se traduce en una disminución de la resistencia ósea que predispone a la fractura2. La resistencia ósea es el resultado de dos componentes la densidad y la calidad óseas. A su vez, el concepto de calidad pretende integrar todos aquellos factores ajenos a la masa ósea que condicionan la fragilidad del hueso, e incluye, entre otros, la microarquitectura, el grado de recambio, el acumulo de lesiones o microfracturas y el grado de mineralización2,3.
Según se desprende de la definición, el hecho clínico más importante es la fractura por fragilidad. La falta de manifestaciones de la osteoporosis sin fractura dificultan el diagnóstico. A falta de métodos de evaluación de la calidad o de sus componentes, el diagnóstico se basa en confirmar una densidad mineral ósea (DMO) baja. En este sentido, la OMS en 1994 consensuó una definición operativa basada en niveles o puntos de corte de la DMO para mujeres postmenopáusicas de raza blanca4. Así se propuso como normales valores de DMO superiores a -1 desviaciones estándar (DE) en relación a la media de adultos jóvenes (T-score > de -1); osteopenia valores de DMO entre -1 y -2,5 DE (T-score entre -1 y -2,5); osteoporosis valores de DMO inferiores a -2,5 DE (T-score inferior a -2,5) y osteoporosis establecida cuando junto a las condiciones previas se asocia una o más fracturas osteoporóticas (Tabla 1). Recientemente se ha recomendado utilizar estos mismos puntos de corte para la osteoporosis del varón5.

En la epidemiología de la osteoporosis hay que distinguir entre los conceptos de osteoporosis y de fractura osteoporótica. Los datos disponibles están limitados por los problemas derivados de la definición de osteoporosis, los métodos diagnósticos, la existencia de fracturas asintomáticas y la característica de la población a estudio.

Epidemiología de la osteoporosis

Se estima que hay 75 millones de personas que sufren osteoporosis en EEUU, Europa y Japón6. De acuerdo a los criterios de la OMS, se ha estimado que la prevalencia de la osteoporosis en mujeres de raza blanca mayores de 50 años es del 15% cuando se mide en una de las tres localizaciones habituales (columna, cadera o muñeca) y del 30% cuando se mide en todas ellas7. La prevalencia aumenta con la edad desde el 15% para el intervalo 50 y 59 años hasta más del 80% en edades superiores a 80 años8. En los varones la prevalencia de la osteoporosis es menor, 8% según datos del estudio NHANES9.
Cerca de 2 millones de mujeres y 800.000 varones tienen osteoporosis en España. Díaz-Curriel y colaboradores (cols.), encontraron una prevalencia de osteoporosis densitométrica del 26,07% (IC 95%, 22,57-29,57%) en mujeres mayores de 50 años10. Como es de esperar, la prevalencia en los varones fue menor, 8,1% en mayores de 50 años11 y 11,3% en mayores de 70 años12 .

Epidemiología de las fracturas

Las fracturas óseas tienen una distribución bimodal, la primera moda se sitúa durante la adolescencia y juventud, mientras que el segundo pico de frecuencia durante la vejez. Las primeras son traumáticas, predominan en huesos largos y afectan más a varones. En la etapa tardía las fracturas son más frecuentes en las mujeres, se producen con mínimos traumatismos y predominan en vértebras, caderas y muñeca. Estas últimas son la complicación de la osteoporosis y las responsables de su graves consecuencias clínicas y costes socioeconómicos. Johnell y cols. han estudiado las consecuencias de la discapacidad producida por la osteoporosis en Europa y en conjunto supera al impacto de muchos cánceres y otras enfermedades crónicas como la artritis reumatoide, asma o la repercusión cardiaca de la hipertensión13.
Las fracturas osteoporóticas se clasifican en vertebrales y no vertebrales. Las de cadera, muñeca y húmero son las más frecuentes, pero muchas otras se relacionan con fragilidad ósea. Solo las fracturas de cara y tobillo carecen de relación clara con la disminución de la DMO, por lo que no se consideran como osteoporóticas14. Entre las vertebrales tampoco se consideran osteoporóticas las cervicales y las torácicas por encima de la T5.
Se ha calculado, en datos relativos al año 2000, que hubo más de 9 millones de fracturas osteoporóticas en el mundo, de las que más de la mitad correspondieron a Europa y EEUU, con la siguiente distribución: cadera 1,6 millones, en antebrazo 1,7 millones y vertebrales clínicas (sintomáticas) 1,4 millones13. Se han proyectado hacia el futuro los datos actuales y se estima que las fracturas irán en aumento en las próximas décadas15. No hay datos globales directos sobre el número de fracturas en España, pero se supone que pueden llegar a 25.000 fracturas por año, con unos costes directos superiores a 126 millones de euros e indirectos de más de 420 millones de euros.

Fractura vertebral

La prevalencia de fractura vertebral es difícil de cuantificar. Más de dos tercios son asintomáticas y solo pueden ser diagnosticadas por métodos de imagen, generalmente radiografía lateral de columna lumbar y dorsal16,17. Hay diversos métodos propuestos para el reconocimiento radiológico de la fractura vertebral, lo que limita la uniformidad de los resultados. La presencia de fractura prevalente en a mujer por encima de los 65 años multiplica por 7-10 veces el riesgo de sufrir otra nueva fractura en los próximos 5 años18. También aumenta la probabilidad de sufrir fracturas no vertebrales, que se estima en un cociente de riesgo de 2,8-4,5 y este aumenta con el número de deformidades vertebrales.
Las fracturas vertebrales son infrecuentes antes de los 50 años y como el resto de las fracturas aumenta con la edad. Diversos estudios señalan que su prevalencia en mujeres mayores de 50 años está entre un 18 y 28%19. En Europa los datos de prevalencia proceden principalmente del “European Vertebral Osteoporosis Study” (EVOS), donde se ha observado una prevalencia del 12,2% para los varones y del 12% para entre los 50 y 79 años de edad20. Los individuos de este estudio se incluyeron posteriormente en un estudio prospectivo “European Prospective Osteoporosis Study” (EPOS)21. La incidencia anual se considera del 1% en mujeres de 65 años, 2% en las de 75 años y 3% en las mayores de 85 años. En varones mayores de 50 años es de 5,7 a 6,8/1.000 personas/año lo que equivale aproximadamente a la mitad del observado para mujeres22.

Fractura de cadera

Las fracturas de cadera se consideran, desde el punto de vista del pronóstico, la más importantes por su alta morbimortalidad asociada. Menos de las mitad de los pacientes volverán a su situación anterior, el 25% necesitará cuidados en su domicilio y un 20% permanecerá en situación de dependencia continúa tras la fractura.
La incidencia de las fracturas de cadera aumentan exponencialmente con la edad y son el doble en la mujer que en el varón23. La mayoría ocurren tras una caída desde una altura igual o inferior a la propia talla. El riesgo global de fractura de cadera a partir de los 50 años en el Reino Unido es del 11,4% y 3,1% para mujeres y varones, respectivamente. La incidencia varía sustancialmente de una población a otra y suele ser más alta en individuos caucásicos blancos. En Europa, la proporción de fracturas de cadera varía hasta en 7 veces entre diferentes países. España es considerada zona de baja incidencia24, mientras que en Noruega, Suecia, Islandia, Dinamarca y EEUU la incidencia es elevada25. En nuestro país la incidencia anual es muy variable y oscila entre 301/100.000 y 897/100.000 pacientes mayores 65 años26.

Fractura de muñeca

La fractura distal de cúbito y radio, o de Colles, tienen un perfil de presentación diferente a las anteriores. Los datos son más escasos que para las fracturas vertebrales o de cadera. La mayor parte de los datos de incidencia proceden del hemisferio norte, principalmente de los países escandinavos, el Reino Unido y los Estados Unidos. Hay un aumento de la incidencia en las mujeres caucásicas entre los 40 a 65 años seguido de una meseta que se mantiene en años posteriores19, lo que se ha relacionado con una alteración de los reflejos neuromusculares causados por el envejecimiento y por una tendencia a sufrir caídas cuyo impacto se pretende amortiguar de un modo automático con los brazos extendidos. Este tipo de fractura aparece principalmente en mujeres y, la mayor parte, después de los 65 años de edad. En el Reino Unido el riesgo de fractura a lo largo de la vida en mujeres de 50 años es del 16,6% mientras que a los 70 años ese riesgo cae al 10,4%. La incidencia en varones es significativamente más baja y no se altera excesivamente con la edad (riesgo durante el resto de la vida del 2,9% a los 50 años y del 1,4% a los 7027.

Factores de riesgo de fracturas

Existen diversos factores que facilitan el desarrollo de fracturas osteoporóticas. El más importante de todos ellos es la DMO baja que explica el 70% de la fragilidad ósea. Sin embargo existen otros, independientes de la DMO, probablemente relacionados con la calidad ósea. Además debe tenerse en cuenta que en el desarrollo de la fractura participa el mecanismo relacionado con el impacto mecánico de las caída. Unos y otros interaccionan en cada individuo de forma compleja. A modo de resumen se recogen los principales factores de riesgo3 en la Tabla 2.

Fracturas y mortalidad
Los datos disponibles señalan, sin ninguna duda, que una de las consecuencias de las fracturas es el aumento de la mortalidad, que depende del tipo de fractura. Es especialmente alta en las fracturas vertebrales y de cadera28. En la cohorte de Rochester, EEUU, se encontró que la tasa de supervivencia a los 5 años de sufrir una fractura vertebral o de cadera, fue del 80% de la esperada en varones y mujeres sin fractura de similar edad29. Pero en estudios más recientes procedentes de la cohorte de Dubbo, Australia, se ha constatado un aumento de la mortalidad en todo tipo de fractura, incluso tras fracturas menores en pacientes por encima de 75 años30. La mortalidad es mayor inmediatamente después de la fractura y disminuye con el tiempo. En el caso de la fractura de cadera el aumento de la mortalidad se mantiene elevado durante al menos 10 años, mientras que para el resto de las fracturas se reduce a partir de los 5 años. Las causas de la mortalidad no siempre están relacionadas directamente con las fracturas, así parecen determinantes las enfermedades asociadas, la discapacidad, la inmovilidad por el dolor que puede facilitar las infecciones.
En las fracturas de cadera la mortalidad es mayor en varones que en mujeres y se incrementa con la edad. Como era de esperar, es mayor en pacientes con otras enfermedades intercurrentes, con peor capacidad funcional antes de la fractura y aumento de la fragilidad31. Aproximadamente fallecen mientras están hospitalizados el 8% de los varones y el 3% de las mujeres de más de 50 años de edad. En el Reino Unido, la supervivencia tras sufrir una fractura de cadera es en varones del 63,3% frente al 90,0% esperado y en mujeres el 74,9% frente al 91,1% esperado27. El riesgo de muerte es máximo inmediatamente tras la fractura y se reduce paulatinamente con el tiempo, aunque se mantiene elevado hasta 10 años después de la fractura30. La causa de muerte no es usualmente atribuida a la fractura de forma directa sino a otras enfermedades concomitantes y al estado de fragilidad del paciente31. Uno de los factores que influyen en el mal pronóstico es el tiempo que transcurre hasta la intervención quirúrgica, pues la mortalidad aumenta cuando se retrasa más allá del segundo día32. En España, tomando datos del Ministerio de Sanidad, la mortalidad durante el ingreso hospitalario por fractura de cadera es del 8,4% para los varones y del 4,8% para las mujeres33. Curiosamente la mortalidad es mayor en regiones de climatología fría.
La fractura vertebral también se asocia a aumento de la mortalidad. En la cohorte americana del “Study of Osteoporotic Fractures” (SOF) se encontró que las mujeres con fracturas vertebrales tenían 1,26 más probabilidades de morir34. En otros estudios como el EVOS, el riesgo se eleva hasta 2,4 veces, sin diferencias por sexos35. La mortalidad incrementa con el número de vértebras aplastadas, un 32% por cada nueva vértebra36. La mortalidad se mantiene elevada al menos durante 5 años, declinando posteriormente. Entre las causas estaban los problemas pulmonares y los cánceres, especialmente de mama.
Sobre la influencia de otro tipo de fracturas en la supervivencia hay resultados contradictorios. Algunos autores no encuentran relación con la fractura de muñeca y otras fracturas no vertebrales29,37. Pero en datos muy recientes se ha detectado que los pacientes con cualquier tipo de fractura osteoporótica tienen disminuida la supervivencia. Las fracturas no vertebrales diferentes de las de cadera son responsables del aumento de mortalidad especialmente en pacientes mayores de 75 años30.

Conclusiones

La osteoporosis es un problema de salud mundial de considerables dimensiones. La frecuencia de la enfermedad y, sobre todo, de las fracturas tienen un coste socioeconómico muy elevado. Las fracturas tienen consecuencias graves con repercusión sobre la persona que las sufren ya que disminuyen la supervivencia y la calidad de vida, y agravan las enfermedades concurrentes. Se estima que esta situación empeorará en los próximos años. Por ello es fundamental el diseño de estrategias terapéuticas y preventivas para limitar sus consecuencias.

 

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