Revista de Osteoporosis y Metabolismo Mineral

Empresas Colaboradoras:

Revista según normas "Uniform Requirements for Manuscripts Submitted to Biomedical Journals" www.icmje.org

La Revista se adhiere a los principios y procedimientos dictados por el "Committee on Publication Ethics (COPE)" www.publicationethics.org

Visitantes desde 2015
AmazingCounters.com

 

Categoría: 2

Osteoporosis. Definición. Epidemiología

Definición

La osteoporosis es un problema sanitario global cuya importancia va en aumento con el envejecimiento de la población. Se define como un trastorno esquelético sistémico caracterizado por masa ósea baja y deterioro de la microarquitectura del tejido óseo, con el consecuente incremento de la fragilidad ósea y una mayor susceptibilidad a las fracturas1. La resistencia ósea refleja fundamentalmente la unión de densidad y calidad óseas. A su vez, el concepto de calidad pretende integrar todos aquellos factores ajenos a la masa ósea que condicionan la fragilidad del hueso, e incluye la microarquitectura, el grado de recambio, acumulo de lesiones o microfracturas y el grado de mineralización1,2.
Se trata de un proceso prevenible y tratable, pero la falta de signos de alerta previos a la aparición de fracturas, conlleva que pocos pacientes sean diagnosticados en fases tempranas y tratados de forma efectiva. Así, en algunos estudios se ha comprobado que el 95% de los pacientes que presentan una fractura por fragilidad no presentaba un diagnóstico previo de osteoporosis3.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció en 1994 unas definiciones basadas en mediciones de masa ósea en columna lumbar, cadera o antebrazo en mujeres postmenopáusicas de raza blanca4. Así, se considera como masa ósea normal valores de densidad mineral ósea (DMO) superiores a -1 desviación estándar (DE) con relación a la media de adultos jóvenes (T-score >-1); osteopenia valores de DMO entre -1 y -2,5 DE (T-score entre -1 y -2,5); osteoporosis valores de DMO inferiores a -2,5 DE (T-score inferior a -2,5) y osteoporosis establecida cuando junto con las condiciones previas se asocia una o más fracturas por fragilidad (Tabla 1). También es posible considerar el Z-score en grupos de pacientes como niños y adultos jóvenes, que expresa la masa ósea en comparación a la esperada para igual edad y sexo5.

Leer más

Impacto socioeconómico de la osteoporosis

Introducción

La osteoporosis (OP) se incluye dentro del grupo de enfermedades que constituyen los mayores problemas de salud para el mundo, tanto por su extensión como por sus consecuencias socioeconómicas. En los Estados Unidos de América se calcula que alrededor de 10 millones de personas tienen OP y que cerca de 34 millones estarían en riesgo de padecer una fractura por tener una masa ósea baja1. En España se estima que 3 millones de personas sufren OP y que ello condicionaría una incidencia de fractura de cadera de 6,94 ± 0,44 por 1.000 habitantes/año aproximadamente2. Sin embargo, es difícil conocer exactamente el alcance global de la OP pues sólo se conoce con exactitud datos de la fractura de fémur, la única que requiere siempre hospitalización. De hecho se podría dividir a las consecuencias de la OP en tres tipos de fractura bien diferenciados: fractura vertebral (FV), fractura de fémur (FF) y fractura no vertebral no de cadera (FNV). La FV tiene el inconveniente que sólo es sintomática en el 30% de los casos, y apenas una tercera parte de las fracturas vertebrales requieren de atención médica específica, el resto son infravaloradas y quedan diagnosticadas de dorsalgias o lumbalgias por artrosis3. La FF es la única realmente cuantificable ya que siempre requiere hospitalización, al menos en los países llamados desarrollados, y sus costes pueden ser valorados con mayor exactitud. Las FNV que incluiría fracturas de antebrazo, húmero, clavícula, costillas, tobillo también son muy difíciles de cuantificar pues aunque en algunos casos requieren de intervención quirúrgica la mayoría son atendidos de forma ambulatoria o en urgencias hospitalarias sin ingresos.

Leer más

Identificación del paciente con alto riesgo de fractura

En un momento en el que hemos avanzado enormemente en el conocimiento de la historia natural de la osteoporosis y de los fármacos que empleamos en su tratamiento, se hace necesario identificar a los pacientes con más riesgo para centrar en ellos los recursos diagnósticos y terapéuticos antes de que su complicación final, la fractura, aparezca. Esto es especialmente relevante en un entorno de recursos finitos donde éstos deben situarse en la población que más se beneficie de ellos. Ocurre además que hoy conocemos también mejor los potenciales riesgos y limitaciones de algunos tratamientos –por ejemplo los anti-catabólicos potentes sobre los que carecemos de datos de seguridad más allá de 10 años de tratamiento, o los anabólicos que se consideran indicados durante un máximo de dos años– por lo que precisamos saber en qué momento de la historia natural de la enfermedad el riesgo global de la paciente es suficientemente relevante para iniciar un tratamiento adecuado.

Leer más

La PTH 1-84 en el tratamiento de la osteoporosis

Introducción: Bases fisiopatológicas del tratamiento anabolizante de la osteoporosis

El tratamiento de la osteoporosis en mujeres postmenopáusicas, consiste inicialmente en una serie de medidas no farmacológicas que pueden ser aplicadas a todos los pacientes, como aumentar en lo posible el ejercicio físico, especialmente el de carga, una dieta equilibrada con una adecuada cantidad de calcio y vitamina D, una exposición solar de 10 minutos diarios, lejos de las horas de más insolación, además de suprimir el hábito tabáquico y prevenir las caídas1,2. Sin embargo, las mujeres postmenopáusicas con osteoporosis o con alto riesgo de desarrollarla a estas medidas deben añadirse medidas farmacológicas.
Cronológicamente, los primeros fármacos desarrollados para el tratamiento de la osteoporosis fueron los antirresortivos. Entre ellos los estrógenos3-6, la calcitonina7 y los primeros bifosfonatos, como el etidronato8,9. Todos ellos tenían una base fisiopatológica plausible y era la constatación de que en la osteoporosis se producía un incremento de la resorción ósea, comprobado tanto por los marcadores bioquímicos de remodelamiento óseo como por las biopsias óseas10. Se comprobó en los estudios realizados con estos fármacos, como posteriormente con otros fármacos antirresortivos, que se producía un pequeño incremento en la densidad mineral ósea que no guardaba relación con la reducción del riesgo de fractura11.
En los últimos años se ha desarrollado una serie de fármacos cuyo mecanismo de acción se basa en la estimulación directa de la formación ósea y que, en conjunto, se denominan terapias anabólicas óseas. El objetivo que persiguen todos estos tratamientos es el de formar hueso nuevo, restaurar la microarquitectura ósea, aumentar la densidad mineral ósea y con ello reducir el riesgo de fractura. Entre estos compuestos se encuentran el flúor, la hormona del crecimiento (GH), el factor de crecimiento relacionado con la insulina tipo I (IGF-I), las estatinas y sobre todo dos agentes que cuentan con mayores evidencias de eficacia: el ranelato de estroncio y la hormona paratiroidea (PTH) y sus fragmentos activos. Centraremos nuestra revisión en la molécula intacta de la PTH conocida también por PTH 1-84.

Leer más

El debate sobre la escala FRAX

El juicio clínico, empírico, intuitivo y basado en la experiencia, es uno de los pilares de las decisiones clínicas. Junto con las pruebas clínicas (“evidencias”) y en pie de igualdad, sirve para adaptar lo que ofrece la ciencia al paciente individual. La osteoporosis no es una excepción. Durante años, los clínicos hemos utilizado una larga lista de factores clínicos de riesgo, unos modificables, otros no, para evaluar en cada paciente cuanto riesgo tenemos que contrarrestar con nuestras intervenciones en el típico análisis de riesgo-beneficio.
El problema es que la cuantificación de dicho riesgo ha sido difícil. Otros campos de la patología nos han precedido en la búsqueda de fórmulas que nos permitan calcular el riesgo de enfermar del paciente individualizado, atribuyendo su peso relativo, si es que lo tienen, a cada uno de los factores que desempeñan un papel en la determinación del riesgo. En el caso de la osteoporosis, del riesgo de fractura.
Numerosas escalas se han venido construyendo con esta intención en los últimos años. Escalas como ORAI, Fracture Index, etc. han gozado de limitado predicamento bien porque su utilización era compleja, bien porque su capacidad predictiva era (o se ha percibido) como limitada.

Leer más

Prevalencia de fracturas vertebrales en pacientes que acuden a la consulta externa de Medicina Interna

Fundamento: Las fracturas constituyen la complicación clínica de la osteoporosis y, entre ellas, la fractura vertebral (FV) es la más frecuente. En ocasiones, la FV es asintomática o bien pasa desapercibida y no es diagnosticada.
Objetivo: Estudiar cuál es la prevalencia de fracturas vertebrales sin diagnosticar en una población de mujeres postmenopáusicas de más de 50 años que son atendidas por dolor crónico de espalda en la consulta externa de Medicina Interna.
Material y métodos: Estudio de casos y controles. Participaron 273 mujeres. Formaron el grupo de casos 202 mujeres postmenopáusicas que tenían dolor crónico de espalda en el momento de acudir a la consulta externa de Medicina Interna. Como controles incluimos a 71 mujeres que no tenían dolor de espalda. Participaron 13 centros de toda España. A todas las mujeres se les realizó un cuestionario diseñado al efecto, modificado de la historia clínica de la SEIOMM, y una radiografía lateral de columna dorso-lumbar. La lectura de las radiografías fue centralizada. Se aplicaron los criterios de Genant para el diagnóstico de la fractura vertebral.
Resultados: Las mujeres postmenopáusicas con dolor crónico de espalda tienen menos talla que las que no tienen dolor de espalda (154 ± 7,7 cm frente a 157 ± 7,7 cm, p= 0,005), mayor prevalencia de cifosis (54% vs. 32,4%) y mayor prevalencia de FV (15,8% vs. 2,8%, p= 0,004). No se objetivaron diferencias estadísticamente significativas entre ambos grupos en la prevalencia de las fracturas consideradas en su totalidad, las fracturas de cadera, las fracturas de Colles y otras fracturas. El índice de masa corporal (IMC), las FV y la cifosis mostraron una asociación independiente y estadísticamente significativa con el dolor de espalda.
Conclusiones: Un 15,8% de las mujeres postmenopáusicas con dolor crónico de espalda tienen al menos una FV. Además, presentan una mayor prevalencia de cifosis y una media de 3 cm menos que las mujeres sin dolor de espalda. Dado que estas fracturas estaban sin diagnosticar previamente, sugerimos realizar una radiografía lateral de columna dorsal y lumbar en estas pacientes, con el objeto de establecer un diagnóstico y tratamiento lo más precoz posible.

Leer más

Prevalencia de osteoporosis en pacientes con síndrome coronario agudo

Objetivos: Valorar la relación entre osteoporosis y síndrome coronario agudo.
Material y métodos: En este estudio se incluyeron 163 pacientes con edades comprendidas entre 39 y 79 años, con una edad media de 62. De éstos, 83 eran pacientes con síndrome coronario agudo (90% infarto agudo de miocardio; 10% angina inestable). Los otros 80 pacientes pertenecían a un grupo control sin enfermedad cardiovascular.
Se obtuvieron medidas antropométricas y se realizaron densitometrías tanto de columna lumbar como de cuello femoral. Consideramos osteoporosis un T-score < -2,5 DE.
Resultados: No se encontraron diferencias estadísticamente significativas en cuanto a densidad mineral ósea entre grupo de casos y controles. Estratificando los datos por enfermedad osteoporótica, observamos que la prevalencia es mayor, de forma estadísticamente significativa en el grupo de pacientes con síndrome coronario agudo. Al analizar los datos por sexo, sólo en el grupo de mujeres con síndrome coronario agudo se observó mayor prevalencia de osteoporosis; no observamos la misma relación en el grupo de hombres.
Conclusiones: En nuestro estudio observamos una mayor prevalencia de osteoporosis en pacientes con síndrome coronario agudo.

Leer más

Puntos de cribado de un densitómetro periférico de calcáneo para el diagnóstico de osteoporosis

Objetivo: Determinar los T-score de un densitómetro periférico de calcáneo para obtener una especificidad del 90% en el diagnóstico de osteoporosis y densidad mineral ósea (DMO) normal.
Material y métodos: Se realizaron densitometrías por absorciometría dual de rayos X (DXA) en calcáneo (PIXI-LUNAR) y central (HOLOGIC) a 693 mujeres remitidas para estudio de osteoporosis. Se calculó mediante curvas ROC (receiver operator characteristic curve) la sensibilidad y especificidad de los distintos T-scores del densitómetro periférico para el diagnóstico de osteoporosis y normalidad.
Resultados: La edad media era de 58,2 ± 9,6 años (30 y 93 años). Los T-score del PIXI para detectar osteoporosis y normalidad con una especificidad del 90% fueron -1,3 y + 0,6 respectivamente.
Conclusión: Un T-score inferior a -1,3 o superior a +0,6 a nivel del calcáneo indican alta probabilidad de osteoporosis y normalidad respectivamente. Sólo debería realizarse densitometría central cuando la DMO periférica se encontrase entre estos valores.

Proyecto financiado por la Generalitat Valenciana – Conselleria de Sanitat – DOGV 5337 – 1.09.2007 – Resolución 20.10.2007

Leer más

Patología ósea de la enfermedad de Gaucher

La enfermedad de Gaucher (EG) es un error congénito del metabolismo debido a deficiencia de la enzima lisosomal glucocerebrosidasa, también denominada beta glucosidasa ácida. Este déficit enzimático origina el acúmulo de sustrato no metabolizado en los lisosomas de variadas líneas celulares del sistema monocito-macrófago. El depósito de material no degradado, el glucocerebrósido denominado glucosilceramida, es un metabolito intermedio en la síntesis y degradación de glucoesfingolípidos. Estos macrófagos cargados de lípidos, denominados “células de Gaucher”, están involucrados en la patogenia de la enfermedad1. La EG es una esfingolipidosis, que constituye la enfermedad lisosomal de depósito más frecuente. La EG es un trastorno multiétnico que se hereda de forma autosómica recesiva1. El Gaucher Registry es el registro cooperativo observacional más amplio del mundo. Hasta enero de 2007, se han registrado 4.585 pacientes de 56 países (www.gaucherregistry.com). Actualmente se estima que existen en España alrededor de 300 casos diagnosticados, aunque se calcula que existen muchos más. En la mayoría de los casos, la base molecular de la enfermedad está constituída por mutaciones en el gen GBA (beta glucocerebrosidasa ácida) situado en el cromosoma 1 (1q21) que codifica la glucocerebrosidasa. La EG tiene tres formas clínicas, y en todas ellas existe afectación ósea, de médula ósea y visceral. El Neuronopathic Gaucher Disease Task Force del European Working Group on Gaucher Disease clasifica la EG en tipo 1 o no neuropático. Tipo 2 ó neuropático agudo. Y tipo 3 o neuropático crónico2. La EG de tipo I que es la más frecuente, supone el 94% de todos los casos. La EG de tipo 2 es la forma denominada cerebral infantil. La EG de tipo 3 es muy rara y se da sobre todo en la región Norrbottnian del norte de Suecia. Es por ello que nos referimos siempre a la EG de tipo I. La EG, al igual que otras enfermedades raras, se caracteriza por ser multisistémica. Entre sus múltiples manifestaciones clínicas destacan la osteopenia, dolores óseos, fracturas óseas, anemia, trombopenia, hemorragias, retraso del crecimiento, hepatomegalia, esplenomegalia y alteración de las pruebas de función hepática. El pronóstico de la EG depende del grado de afectación de estas manifestaciones clínicas. La EG es una enfermedad de inicio en la infancia que no suele ser diagnosticada hasta los 16 años de edad2. Incluso en los enfermos diagnosticados en la edad adulta, los signos y síntomas se inician en la infancia3. Es así que cada enfermo es diferente en cuanto a su edad de presentación, sintomatología, diagnóstico y progresión de la enfermedad. Aunque existe una forma de presentación fulminante en la infancia, la enfermedad puede ser asintomática y diagnosticada casualmente en el adulto en quien suele tener un curso insidioso y progresivo. A pesar de tratarse de una enfermedad hereditaria, el diagnóstico de la EG de tipo I se realiza en el 74% de los casos en la edad adulta. Incluso en el 10% de los casos la EG se diagnostica por encima de los cincuenta años. Si no se piensa en ella, es casi imposible de diagnosticar. Inicialmente se presenta por una combinación de síntomas tales como dolores óseos, hematomas y astenia. Es por ello que suele ser erróneamente etiquetada como infección vírica inespecífica, “dolor asociado al crecimiento”, crisis de dolor óseo agudo con inflamación local y/o fiebre con necrosis en cadera catalogadas como enfermedad de Perthes, fracturas accidentales, epistaxis recidivantes por alteraciones inespecíficas de la coagulación y esplenomegalia. El paciente con EG establecida de tipo 1 suele ser pálido, de abdomen distendido, de extremidades delgadas y rodillas en valgo. Pueden fallecer por las secuelas de enfermedad ósea severa, hemorragias, infecciones, insuficiencia hepática o complicaciones pulmonares. Estos enfermos tienen además riesgo aumentado de sufrir mieloma múltiple.

Leer más

Vertebroplastia: ¿Alternativa terapéutica para las fracturas vertebrales osteoporóticas dolorosas que no responden a tratamiento conservador? Revisión y puesta al día

Objetivos: Realizar una actualización y revisión de la vertebroplastia como alternativa terapéutica para las fracturas vertebrales osteoporóticas dolorosas que no responden a tratamiento conservador.
Materiales y métodos: Revisión de la literatura sobre procedimiento, indicaciones, complicaciones y resultados en PubMed y Google académico utilizando las palabras clave: vertebroplastia, fractura por compresión vertebral, polimetilmetacrilato (PMMA) y osteoporosis.
Resultados: Descripción del procedimiento, indicaciones y complicaciones. Diversos estudios con número limitado de pacientes indicaban alta tasa de éxitos y baja de complicaciones. Recientemente se han publicado dos ensayos clínicos a doble ciego, randomizados, comparando la vertebroplastia con una simulación de ésta. Los resultados de estos ensayos no avalan la realización de la vertebroplastia como tratamiento del dolor en las fracturas osteoporóticas por compresión.
Conclusiones: Los resultados clínicos de la vertebroplastia eran prometedores. La reciente publicación de dos ensayos clínicos randomizados, con mayor grado de evidencia que los anteriores, los contradicen.
Surgen preguntas pendientes de contestar: ¿Esta técnica puede ser efectiva en un subgrupo de pacientes? ¿Podría ser efectiva a medio-largo plazo? ¿Qué otras alternativas terapéuticas nos quedan para pacientes no respondedores a tratamiento convencional?

Leer más

XV Congreso SEIOMM 2010

Junta Directiva de la SEIOMM

Presidente
Manuel Sosa Henríquez
Vicepresidente
Javier del Pino Montes
Secretaria
M.ª Jesús Gómez de Tejada Romero
Tesorero
Esteban Jódar Gimeno

Comité organizador

Javier del Pino Montes
José Luis Pérez Castrillón
Luis Corral Gudino
Francisco Collia Fernández
F. J. Domínguez Hernández
Judit García Aparicio
Ruth López González
Carlos Montilla Morales
Miguel Otero Gómez
Eufrasio Pérez Rodríguez
M.ª Dolores Sánchez González
Susana Gómez Castro
José R. García Talavera
Miguel Arias Paciencia

Comité científico

Manuel Sosa Henríquez
Javier del Pino Montes
M.ª Jesús Gómez de Tejada Romero
Esteban Jódar Gimeno
Manuel Díaz Curiel
José Luis Pérez Castrillón

Leer más

El dilema de la deficiencia en vitamina D en regiones soleadas, en jóvenes, o en pacientes osteoporóticas tratadas con vitamina D, podría explicarse por variantes genéticas comunes. ¿Hemos encontrado la piedra Rosetta de esta aparente contradicción?

Las “epidemias” de raquitismo que asolaron a la humanidad parecían haber terminado con el descubrimiento de la vitamina D a comienzos del siglo pasado. Pero, la deficiencia severa y prolongada de vitamina D, con manifestaciones clínicas de raquitismo y osteomalacia vuelve a resurgir, sobre todo en minorías étnicas, en países occidentales1.
En este momento, la deficiencia en vitamina D constituye una pandemia que afecta a más de la mitad de la población de todo el mundo2, y es un importante factor asociado a la pérdida de masa ósea y músculo relacionadas con la edad, las caídas y las fracturas2,3.
Además, en las sociedades desarrolladas, la deficiencia en vitamina D se asocia con un riesgo mayor de enfermedades degenerativas y crónicas, como enfermedades autoinmunes: la diabetes mellitus, la esclerosis múltiple; cáncer: colon y mama; enfermedades infecciosas, como la tuberculosis y la gripe estacional; de enfermedades cardiovasculares, insuficiencia cardiaca, hipertensión, e infarto agudo de miocardio, e incluso de un mayor riesgo de muerte cardiovascular o de cualquier otra causa2,3.
Aunque, en su gran mayoría se trata de estudios de asociación, y no de intervención, la plausibilidad biológica generada por el conocimiento de las acciones no hormonales, intracrinas y paracrinas del sistema endocrino de la vitamina D, dan consistencia al potencial problema que para la Salud Pública puede constituir la deficiencia o insuficiencia en vitamina D3.
La “vitamina D” circulante está constituida por las vitamina D3 y D2, la primera adquirida en su mayoría por formación cutánea por irradiación ultravioleta B, y en menor cuantía por la ingesta de las pocas fuentes dietéticas naturales que la contienen y de alimentos fortificados o suplementados, la segunda solo a partir de estos últimos4.
Una vez adquirida la vitamina D, y después sus metabolitos, se transportan mediante una proteína transportadora de la vitamina D, también conocida por “gc-globulin, (group-specific component)”, que participa también en el transporte al interior de las células2,3.

Leer más
Cargando