Revista de Osteoporosis y Metabolismo Mineral

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Volumen 11 · Nº 1 Supl · Mayo 2019


Mitos, cuentos y leyendas sobre el calcio y la vitamina D

En los últimos años se ha observado un impresionante aumento en el número de artículos científicos relacionados con el metabolismo del calcio y la vitamina D. Tenemos un conocimiento mucho más profundo de muchos aspectos fisiopatológicos. No obstante, y pese a ello, también paralelamente se han desarrollado una serie de bulos, mitos y leyendas tanto sobre el calcio como sobre la vitamina D, muchos de ellos absolutamente injustificados, y otros derivados de una mala interpretación de algunos artículos científicos.
Dado que ello puede llevar al abandono de tratamientos o la toma de los mismos de manera errónea, hemos desarrollado este artículo con el fin de aclarar, con evidencia científica, algunos de estos aspectos.

Recuerdo de la fisiología de calcio y la vitamina D.
La absorción de calcio depende de la vitamina D y es un mecanismo saturable. A partir de una determinada cantidad y alcanzarse el nivel óptimo de absorción, todo el calcio que se ingiera de más no se absorbe y es eliminado por las heces.
Diariamente se eliminan por el riñón entre 100 y 200 mg de calcio en condiciones normales. Asimismo, por las heces se pierden entre 800 y 900 mg de calcio, producto de la secreción de sales biliares y jugos pancreáticos. Se denominan “pérdidas obligadas de calcio” y en su conjunto constituyen unos 1.000 mg (Figura 1). El calcio no puede ser sintetizado por ninguna vía metabólica y, por lo tanto, debe tomarse por la dieta [1].

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Recomendaciones de las sociedades científicas sobre la suplementación de calcio y vitamina D en la osteoporosis

Las necesidades de calcio y vitamina D para la salud en general y la ósea en particular están perfectamente establecidas; mientras que la comunidad médica está de acuerdo en que es necesario mantener unos niveles séricos de 25 hidroxi-vitamina D (25(OH)D) por encima de, al menos, 20 ng/ml, la calcemia deben permanecer entre 8,5 y 10,5 mg/dl. Sin embargo, estas cantidades, que deberían obtenerse naturalmente a partir de la dieta (calcio) y de la exposición al sol (vitamina D), no se alcanzan en un considerable porcentaje de la población. Los niveles de calcio, tan imprescindibles para el funcionamiento de múltiples sistemas, se mantienen gracias al almacén que constituye el hueso, y del que el organismo obtiene el calcio para mantener su homeostasis en caso de necesidad, en perjuicio, evidentemente, del propio hueso, que sufre una resorción aumentada que, a su vez, produce una osteoporosis. La vitamina D por su parte, al carecer de un sistema de almacenamiento, ve caer sus niveles séricos en cuanto la exposición solar disminuye. Sabemos que los alimentos más ricos en calcio son los lácteos; pero la ingesta de estos alimentos es muy baja en la población en general, por distintos motivos. Por otro lado, el riesgo a sufrir cáncer de piel hace que la exposición solar se evite de manera “drástica”, lo que impide la producción de vitamina D. Los suplementos de calcio y vitamina D permiten alcanzar los niveles adecuados en estas situaciones en las que los medios fisiológicos no pueden.
En este capítulo expondremos las recomendaciones que se realizan en diversas guías clínicas (muy seleccionadas, dada la limitación de espacio, pero creemos representativas) sobre la utilidad de dar suplementos de calcio y vitamina D para el tratamiento de la osteoporosis o para asegurar la salud ósea. El abordaje que distintas sociedades e instituciones han realizado varía desde el realizado en el marco del tratamiento general de la osteoporosis hasta el específico de dichos suplementos, bien solo de la vitamina D, bien del calcio solo, o bien de ambos.

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El papel del calcio y la vitamina D en la prevención y tratamiento de la osteoporosis

El papel del calcio y la vitamina D en el metabolismo óseo es conocido desde hace muchos años. El calcio es uno de los principales componentes del hueso y, junto a la matriz de colágeno, es responsable de facilitar la fuerza y la resistencia del esqueleto[1].
La máxima masa ósea se adquiere hacia los 30 años de edad y depende de factores genéticos y ambientales, entre ellos, de la ingesta de calcio. Una vez conseguido el pico de masa ósea es necesario mantener un aporte de calcio mínimo para evitar la pérdida de masa ósea.
La vitamina D es responsable de mantener la homeostasis del calcio y el fósforo, favoreciendo su reabsorción a nivel renal e intestinal. Su déficit se asocia a una alteración de la mineralización ósea, provocando raquitismo en niños y osteomalacia en adultos.
La osteoporosis es un proceso crónico prevalente; constituye un problema de salud pública asociado a una importante morbilidad y mortalidad[2]. Es de esperar que con el envejecimiento de la población su prevalencia vaya en aumento[3]. La actividad física y una correcta nutrición son dos medidas que se asocian a una reducción del riesgo de osteoporosis[4]. La ingesta de calcio adecuada, junto a unos niveles de vitamina D suficientes, han demostrado ser una buena opción para mantener un estado óseo sano[5].

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Papel del calcio y la vitamina D en el tratamiento del paciente con fractura de cadera

La fractura proximal de fémur, o fractura de cadera, constituye la complicación más grave de la osteoporosis, debido a su elevada mortalidad y morbilidad, así como al importante coste social, económico y asistencial que genera. De hecho, la fractura de cadera es capaz, por sí sola, de disminuir la esperanza de vida en casi dos años y uno de cada cinco pacientes que la sufre requerirá asistencia socio-sanitaria permanente[1]. Entre los factores de riesgo que favorecen este tipo de fractura se incluyen una mayor tendencia a las caídas y una disminución de la resistencia ósea.
Desde el descubrimiento de la vitamina D en 1922, esta se ha asociado no solo a la salud ósea sino también a la salud muscular[2]. Por ello, y pese a que no existen pruebas determinantes de su eficacia, se considera que el calcio y la vitamina D deben administrarse a todo paciente con osteoporosis, con la idea de evitar su deficiencia, que sí puede resultar perniciosa. Así, en la mayoría de las guías de práctica clínica se señala que el tratamiento con fármacos antirresortivos o anabólicos debe acompañarse de un aporte adecuado de vitamina D, además de una cantidad apropiada de calcio, que suele oscilar entre los 1.000 y los 1.200 mg diarios[3-5].

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Test de autoevaluación: respuestas correctas

Mitos, cuentos y leyendas sobre el calcio y la vitamina D
Sosa Henríquez M, Gómez de Tejada Romero MJ

1. Las pérdidas obligadas de calcio son:
d. Por orina y heces unos 1.000 mg diarios
Las pérdidas obligadas de calcio están estimadas en unos 1.000 mg diarios de los cuales alrededor de 200 mg se debe a la calciuria y los restantes 800 mg a pérdidas por las heces, debido al calcio contenido en los jugos pancreáticos y el calcio ingerido y no absorbido.

2. A una mujer después de la menopausia, se le aconseja que ingiera diariamente:
d. 1.500 mg de calcio
En la menopausia las recomendaciones diarias de calcio se han estimado en 1.500 mg diarios por el National Health Institute (NIH).

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